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Rezando con los refugiados en Asia del Sur: la esperanza nos permite sobrevivir
01 julio 2014

Un padre chin de Birmania, desplazado en la India, alimenta a su hijo en Delhi, donde viven otros 6.000 refugiados de la misma etnia. (Peter Balleis/Servicio Jesuita a Refugiados)
Pensemos que Jesús fue un refugiado que tuvo que huir para salvar la vida, y con San José y la Virgen tuvo que irse a Egipto como refugiado. Recemos a la Virgen, que conoce el dolor de los refugiados.
Delhi, 1 de julio de 2014 - "Veo que la esperanza brilla delante mío. Veo a mis hijos, que van libres y sin miedo. He olvidado el duro viaje. Fue como cruzar el Mar Rojo en el Antiguo Testamento. Tuvo que pasar tiempo antes de poder perdonar a la gente que destruyó la vida de muchas familias de mí país, incluso la mía. Ahora que ha terminado todo, veo una gran esperanza ante nosotros", dice Matink*, una refugiada birmana chin, con lágrimas en los ojos.

Eran casi las diez de la noche cuando el ejército birmano llamó a su puerta amenazando con matarla si no les entregaba a su esposo, Shanmank*, que había sido detenido anteriormente por su implicación en actividades políticas con un grupo opositor. Matink no sabía su paradero y, en aquel momento con dos hijos, estaba angustiada por la seguridad de su familia en Birmania.

El 25 de diciembre de 2007 supo que su marido había huido de la cárcel. Matink sabía que era solo cuestión de tiempo que vinieran a por su familia. Así que esa misma noche, junto con su hija de cinco años y su hijo de dos, huyó a la selva donde caminaron durante una semana hasta cruzar la frontera con del estado de Mizoram, en la India.

Teniendo solo a Dios como su protector, Shanmank había alcanzado Mizoram solo unos días antes de que su esposa y sus hijos llegaran. Sabía que volver a casa pondría a su familia en peligro y solo podía orar por su seguridad sin poder comunicarse con ellos.

Él recuerda la emoción del reencuentro con su esposa e hijos. Le rememora cuando San Pedro milagrosamente escapó de la prisión y siguió las instrucciones dadas por un ángel que más tarde supo fue el que lo rescató de la cárcel.

Shanmank, Matink y sus hijos se trasladaron posteriormente a Delhi gracias a la ayuda de amigos. Aunque sus condiciones de vida en Delhi son difíciles, se sienten más seguros y ahora han conseguido el estatuto de refugiados de la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR).

Desafortunadamente, ambos padres padecen enfermedades graves: Shanmank se está recuperando de la hepatitis, mientras que Matink ha contraído tuberculosis. Ambos tienen acceso a medicamentos gratuitos en el hospital, pero no están lo suficientemente sanos como para trabajar. Dependen de una pequeña dotación económica del ACNUR y de las raciones mensuales de alimentos del Servicio Jesuita a Refugiados. Aunque la vida no es fácil, sus mentes están ahora en paz.

Según el informe del JRS, Refugiados chin en Delhi, unos 6.000 refugiados de esta etnia viven dicha ciudad, cada uno de ellos enfrentándose a sus propios desafíos para sobrevivir.

Ninom*, una joven refugiada birmana, que asiste a clases de costura del JRS, recuerda que "muy a menudo nuestro propio país nos hace sentir que no valemos nada; especialmente nuestras mujeres que son tratadas como objetos por los hombres. Pero con el JRS, nos sentimos personas valiosas; nos respetan y nos tratan con dignidad. Esto nos da esperanza y la esperanza nos permite sobrevivir".

John Mezsia SJ, responsable de comunicación del JRS en Asia del Sur

*El nombre ha sido cambiado para proteger la identidad de la persona implicada

Tu reflexión
Pensemos que Jesús fue un refugiado que tuvo que huir para salvar la vida, y con San José y la Virgen tuvo que irse a Egipto como refugiado. Recemos a la Virgen, que conoce el dolor de los refugiados.

Estemos cerca de ellos, compartiendo sus miedos e incertidumbres por el futuro y aliviando concretamente sus sufrimientos

María, madre de los refugiados, ruega por nosotros para que el Señor sostenga a las personas y a las instituciones que trabajan con generosidad para asegurar a los refugiados acogida y dignidad, y para darles un motivo de esperanza.

Papa Francisco